Cada año, sobre todo al comienzo verano, miles de kilómetros de cunetas de vías públicas de todo el país (Ferrocarriles, autovías, carreteras generales y secundarias, y caminos rurales) son rociados con herbicidas (fundamentalmente con glifosato).
El motivo de esta práctica es eliminar la hierba adyacente, situada fuera del asfalto, para despejar el terreno colindante con estas vías de circulación. Se pretende, según el caso, generar más espacio para los vehículos en caso de una emergencia o prevenir incendios.
Sin embargo pueden existir casos en que, bajo criterios técnicos objetivos, fuera justificable la actuación en algunas carreteras y ferrocarriles. Para ello, las ONG ambientalistas recomiendan usar otras alternativas no tóxicas para el medio natural. Se trata de gestionar la hierba con procedimientos mecánicos como maquinaria segadora o desbrozadoras manuales, que ya están siendo utilizados eficientemente en algunos tramos, en épocas otoñales o invernales.
Tampoco somos ajenos a estos usos agresivos y contaminantes en la reserva de la Biosfera de Urdaibai, que no consta que existan.
Ahora la empresa publica EUSKOTREN ha regado sus vías y balastos con herbicidas como se observa en esa foto realizada en Forua. Entre otras cosas estamos en zonas declaradas de ZEPA y LIC dentro de la Reserva de la Biosfera de Urdaibai (que ya sabemos que no vale ni una misa para el GV-EJ y DFB) y de la Red Europea Natura2000. Usos prohibidos por la normativa vigente en Busturialdea, y también sometidos a control y autorización previa.
Sin embargo, el rociado de herbicidas tiene una afección directa y acumulativa en el medio ambiente. Por un lado, elimina estas pequeñas islas de vegetación, que en muchas zonas de cultivo representan los únicos espacios disponibles para la flora silvestre.
A su vez, esta vía Amorebieta-Bermeo del ferrocarril parte en dos las zonas de especial protección siendo un obstáculo al cruce obligatorio que cortan los corredores ecológicos establecidos cuya función es esencial en la agricultura y para el buen funcionamiento de los ecosistemas.
Para comprender de qué manera la fumigación de ferrocarriles y carreteras aumenta este problema, hay que entender que a lo largo de un kilómetro de ferrocarril de vía estrecha se fumigan aproximadamente 6.000 m2. el terreno equivalente a casi de un campo de fútbol. Aunque no se realiza esta práctica en todas las vías de comunicación, teniendo en cuenta que la red de carreteras de unos 166.400 km de longitud, serían miles las hectáreas tratadas con glifosato u otros herbicidas cada año que podrían evitarse usando otras medidas.
Para finalizar, los herbicidas a base de glifosato están lejos de ser inofensivos. En 2022, la Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC) de la Organización Mundial de la Salud (OMS) calificó a este herbicida como “probablemente cancerígeno para los seres humanos”. Asimismo, un informe técnico del Miteco indicaba que el 34,6% de los puntos de muestreo de aguas superficiales en España estaban contaminadas por glifosato en 2022, lo que significa que representa un problema ambiental para las masas de agua. Y es que, al dispersarse en el medio, deteriora y contamina los suelos, y alcanza por escorrentía las aguas superficiales y las subterráneas por infiltración.
ZDU Elkartea
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