
2020/10/14
Tras años de abandono, de no haberse instalado ni una sola
señal de tráfico regulando el uso de este tramo de bidegorri en la calle
Iparragirre; después de años sin actuar contra los numerosos
automovilistas que vieron en él un carril más para aparcar; de golpe el
Ayuntamiento de Gernika-Lumo va a gastar 180.000 €, con el objetivo de
llevar el carril bici al otro lado de la calle Iparragirre. Espacio de
la calle donde solo hay aparcamientos y la vía de Eusko Tren, es decir,
ni viviendas ni empresas. Una acera ya existente en este lado de la
calle va a desaparecer a causa de tal cambio. En consecuencia, se quita a
los y las peatones espacio y, por el contrario, el trafico motorizado
obtendrá un segundo carril, donde no hace falta.
El pretexto para
esta actuación es el hecho de que hubo accidentes entre coches saliendo
de garajes y ciclistas. El Ayuntamiento dice que quiere mejorar la
seguridad para los que se desplazan en bicicleta, pero, en vez de
corregir la falta de precaución de conductores a la hora de salir de sus
garajes y sensibilizarlos para que empiecen a conducir con más cuidado,
se les castiga a los y las ciclistas. De hecho, el bidegorri está
siendo cambiado de lado y alejado de las casas.
Pese a lo que
dice el Ayuntamiento, la situación para nosotros y nosotras que usamos
la bici en nuestra vida diaria no va a mejorar, sino empeorar:
1) No vamos a ser visibles para el tráfico porque vamos a estar escondidos/as detrás de coches aparcados.
2)
Conductores de coches que allí estacionan su vehículo van a usar este
nuevo bidegorri como acera peatonal, lo que ocurre actualmente.
3) El
aparcar en batería hace que peatones y ciclistas no se vean hasta el
último momento. Se pueden crear situaciones peligrosas.
4) Para
incorporarse a esta vía ciclable o para dejarla, siempre hay que cruzar
la calle Iparragirre, que es una de las entradas al municipio con más
tráfico.
Se arrincona el desplazamiento en bici, y la situación
va a ser de más inseguridad. La verdad es que se cometen todo tipo de
errores que se puedan llevar a cabo en tan pocos metros. Con otro
talante, y con una sola mirada hacia el norte de Europa (o hacia muchos
otros municipios en Euskadi), se hubiera podido aprender cómo hacer
estas cosas bien.
Pero no interesa, y nunca ha interesado. Hace
ya una década, y con el apoyo de la totalidad del tejido social,
cultural y deportivo de la villa, se pidió al consistorio que actuase ya
(y aprobaron una moción por unanimidad en este sentido), y que
habilitase una red de vías ciclables por el municipio, que permitiese
llegar al centro y los puntos de actividad cultural y social –escuelas,
mercado, biblioteca, casa de cultura, zonas de juego, Lizeo antzokia,
polideportivos-. Incluso Eskola Bidea agoniza en su olvido total.
Nada
se ha hecho en estos diez años en la calle Iparragirre, escenario de
este último atropello de la política de movilidad local, salvo pintar
unos 500 metros de asfalto en rojo, que desaparece de repente y sin
ningún tipo de señalización, ni para ciclistas ni para conductores justo
antes de llegar al centro, a la altura de la pasarela de Astra. Ahí
muere el bidegorri de Gernika.
La falta de voluntad del gobierno
del Ayuntamiento ha quedado clara en toda una década. Su falta de
atención y respeto por la demanda social, que ha quedado expresada
sobradamente durante estos diez años por habitantes y movimientos
sociales del municipio, ha sido absoluta. La prepotencia ha llegado al
extremo de censurar y negar la palabra en los plenos municipales, cuando
se quería hablar de movilidad, bicicletas y carriles bici. Porque este
Ayuntamiento no quiere ni hablar ni oír de una demanda a favor de un
cambio en la política de movilidad en el municipio. Por contra, prefiere
inaugurar nuevas rotondas, más carriles para coches y aceras ampliadas
para que sean ocupadas por terrazas.
Que se modifique de lado el
bidegorri en la calle Iparragirre, en la práctica, no cambiará nada en
el modelo de movilidad insostenible de Gernika.
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