cambio climático
Rodrigo Fernández Miranda
reflexiona en esta entrevista sobre los impactos que tienen los modelos
de turismo imperantes: “A medida que los impactos sean mayores y la
insostenibilidad más evidente, el margen de crecimiento de esta
industria será menor”.
27 Julio 2017
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Rodrigo Fernández Miranda. |
Recientemente se publicaba en este medio las implicaciones del consumo también en periodo veraniego.
En pleno proceso de fuga vacacional queremos reflexionar sobre los
impactos que tienen los modelos de turismo imperantes, y lo hacemos de
la mano de Rodrigo Fernández Miranda, docente e investigador experto en la materia.
¿Qué efectos medioambientales está generando este turismo de masas?
El modelo dominante de turismo en la globalización ha
tenido una construcción histórica como la del capitalismo en su
conjunto. Desde el final de la II Guerra Mundial, traccionado por
procesos desregulatorios de actividades económicas, un modelo de energía
barata, la mercantilización de los espacios y las prácticas y lógicas
consumistas, fue creciendo y consolidándose una industria turística
transnacional. Actualmente este turismo constituye el principal sector
económico en la globalización y el comercio internacional, hasta el
punto de que hace cinco años superó la barrera de los 1.000 millones de
turistas anuales.
Los impactos medioambientales de este modelo suelen ser
diversos y también profundos, aunque varían en función de la modalidad
de explotación turística. Más allá de especificidades, el sector
turístico, junto con sus actividades económicas conexas, se encuentra
entre los principales agentes de deterioro ambiental global y local,
existiendo una relación directa entre los procesos turísticos en un
territorio y el nivel de deterioro de su entorno natural.
En 2005, Ernest Cañada y Jordi Gascón aportaban un análisis sobre los factores de cambio en los procesos de masificación turística,
donde a partir de cuatro factores señalaban efectos ambientales, tales
como la sobreexplotación y destrucción de recursos, los impactos de las
infraestructuras para la recepción, movimiento, alojamiento, recreación y
consumo, así como las consecuencias derivadas del aumento del
transporte motorizado por tierra y aire, pérdida de biodiversidad,
contaminación, entre otros.
No dejamos de leer noticias este verano sobre los impactos que ya estamos sufriendo por el cambio climático (incendios, subida de temperaturas…), ¿cómo afecta este modelo de ocio a este fenómeno?
La relación entre crecimiento del turismo de masas y avance del cambio climático es directa e inequívoca.
El turismo es uno de los principales factores de contribución al cambio
climático, principalmente el que se basa en el transporte aéreo, que ha
aumentado en torno al 80% desde los años 90. El investigador Joan
Buades estimaba a mediados de la pasada década que la contribución del
turismo al calentamiento global oscilaban entre el 5 y el 14%.
También hay que considerar la incidencia política de los factores de poder del sector por evitar cualquier forma de legislación o regulación
sobre este fenómeno. Por último, faltaría contemplar un tercer
elemento, el fuerte aparato de comunicación de las transnacionales del
sector, que viene construyendo en el imaginario colectivo la idea del
turismo globalizado como la “industria sin chimeneas”.
¿Qué otras huellas podemos encontrar a su paso?
En el centro de los efectos económicos de la industria
globalizada del turismo emerge una sistemática y progresiva ausencia de
equidad: los beneficios se concentran en un puñado de actores
transnacionales que controlan los flujos comerciales y financieros, y lo
que económicamente se destruye se socializa entre las mayorías. Bajo
esta lógica, las necesidades de las poblaciones locales quedan
subsumidas a los deseos de los turistas. Los recursos de los territorios
dejan de ser para la vida de las comunidades, y son tratados como
materias primas de un mercado globalizado.
Cuánto menor es el grado de participación de las
sociedades locales en la toma de decisiones que rigen la actividad, o
cuánto más desreguladora y favorable a los intereses corporativos es la
intervención del Estado, mayores serán los efectos negativos de este
turismo.
¿Podrá seguir creciendo la industria turística ante el panorama de colapso en el que nos encontramos?
Son muchos los estudios que ponen en evidencia que los
impactos antes mencionados generan una saturación de los territorio,
perdiendo incluso su aptitud para seguir siendo un destino turístico
como tal. Por otra parte, los efectos negativos de este modelo turístico,
además de afectar principalmente a sectores más vulnerables en el
presente, ponen en riesgo el bienestar y la calidad de vida de las
generaciones futuras.
Entonces, a medida que los impactos sean mayores y la
insostenibilidad más evidente, el margen de crecimiento de esta
industria será menor, tendiendo cada día a cero. Lo que es difícil
prever es cómo se detendrá, de qué manera se pondrá freno a ese modelo
de crecimiento: si será a través de la política, de movimientos sociales
y ambientales de resistencia y contestación, de la promoción de modelos
y prácticas económicas alternativas de turismo, de una transformación
cultural…o bien serán los límites biofísicos los que se impongan al
proceso de desmadre turístico.
¿Existe un turismo responsable y consciente con los límites planetarios? ¿Cómo sería?
Sin duda. Otro modelo de turismo implica un cambio radical
de las lógicas y las prácticas económicas y culturales que rigen la
actividad en su modalidad dominante. Hace muchos años que se viene
articulando una pluralidad de iniciativas de turismo alternativo.
Otro modelo turístico debería ser equitativo en la distribución de los
beneficios y el producto social, participativo y democrático en la toma
de decisiones, y responsable medioambientalmente, con una gestión
consciente y respetuosa de los recursos y la biodiversidad en el
territorio que garantice los derechos ambientales. Y tendría que
desarrollarse de manera articulada e integrada, a partir de las
especificidades socioambientales, económicas y culturales del territorio
como destino. Para todo ello no se puede perder de vista el
papel de los Estados respecto a las políticas públicas que implementen,
las regulaciones que impongan al mercado y el papel que asignen a la
participación ciudadana.
Hagamos un ejercicio futurista, ¿qué modelo de turismo prevé a 20 años?
Con la velocidad que ha tomado el capitalismo en los
últimos años resulta difícil pensar a 20 años, así que prefiero centrar
la respuesta en lo que espero que suceda. Factores como una correlación
menos desigual entre capital y comunidades, gobiernos
populares más cercanos a la ciudadanía y una comunicación como derecho y
no como mercancía pueden contribuir a cambiar los criterios que hoy
prevalecen en el turismo por una racionalidad económica sometida a las
necesidades de las personas, las sociedades y a la reproducción de la
vida. Pero esto no solo es una cuestión económica, sino que pasa
principalmente por dar una disputa política por los espacios y una
batalla cultural por los sentidos. No obstante, no creo que haga falta
aclarar que las previsiones parecen apuntar en un sentido contrario…
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