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ZAIN DEZAGUN URDAIBAI ELK.
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ANTONIO RIVERA. VICECONSEJERO DE CULTURA
Rivera lamenta que el bloqueo de la Diputación de Vizcaya impida reconducir la gestión del museo según recomendó el Parlamento
27.09.09 -
IÑAKI ESTEBAN
El Gobierno de Patxi López se enfrenta a su primer curso político completo, un curso agitado por la crisis y en el que el departamento de Cultura, cuyo viceconsejero es Antonio Rivera, se pronunciará sobre proyectos todavía en la fase de estudio, como el Guggenheim de Urdaibai, y empujará otros ya perfilados como el Archivo Nacional. Rivera y su consejería, encabezada por Blanca Urgell, preparan la comisión parlamentaria del próximo 5 de octubre, en la que el PP les preguntará si piensan ejecutar las recomendaciones sobre la gestión del Guggenheim Bilbao aprobadas por el Parlamento vasco en diciembre de 2008.
-¿Qué les van a decir?
-Que estamos en conversaciones con el departamento de Hacienda para cambiar el marco legal, para que haya un mayor control en las sociedades instrumentales de capital público, como la Tenedora del Guggenheim, que es donde se originó la perdida de seis a ocho millones de euros y el desfalco de Cearsolo. Pero en este caso concreto necesitamos el apoyo de la Diputación de Vizcaya, que es nuestro socio en el museo, y no lo tenemos.
-¿Por qué no lo tienen?
-Nosotros vemos una crítica muy fuerte en los informes del Parlamento y del Tribunal de Cuentas respecto a cómo y por qué se compraron dólares en el Guggenheim, mientras que la Diputación y el PNV entienden que las cosas se hicieron bien pero que hubo mala suerte. Para nosotros tiene mucho valor la opinión de estas dos instituciones. Como Gobierno, nos debemos a ellas. ¿Por qué entonces no ejecutamos sus recomendaciones? Porque tenemos el 50% del capital del Guggenheim y la otra mitad no quiere hacerlo.
-¿Cambiarían el modo de gestionar el museo?
-Lo que ha ocurrido debe tener consecuencias. Da la sensación de que el museo oculta la fotografía exacta de lo que ha pasado. La comisión parlamentaria no sabía que la Fundación Guggenheim también había hecho operaciones con cambio de divisas con unas pérdidas de 800.000 euros, según ha descubierto el Tribunal de Cuentas. Y transfirieron esa carga a la Tenedora, un movimiento muy dudoso, incluso legalmente, que impide el fin de esta sociedad, comprar obras de arte.
-¿Cree que el informe del tribunal se aprobó a toda prisa para aprovechar la última reunión con mayoría nacionalista?
-A mí el informe me pareció muy contundente, aunque señala los pecados y no el pecador...
-¿El director general?
-Juan Ignacio Vidarte tiene que asumir sus responsabilidades. Por eso la lectura de los informes de la Diputación, que intenta exculpar de todo al director general, me parece extravagante. Él era el único que tenía potestad para mover recursos en la Tenedora. Si la actuación de un gerente es contradictoria con el objeto de la sociedad que gestiona, se supone que los socios se deben preocupar. La consejera planteó todo esto en la primera reunión que tuvimos con la Diputación, que se negó a hablar de este asunto. Pedimos otro informe interno sobre la Tenedora y ellos dijeron que no.
Estilo del diputado general
-¿Cómo van a salir de este bloqueo?
-Tratamos por todos los medios de evitar el conflicto institucional. Nosotros también somos defensores del Guggenheim y pagamos el 50%, aunque ha habido situaciones muy embarazosas, como cuando Vidarte y el diputado general, José Luis Bilbao, aparecieron juntos para dar detalles del Guggenheim de Urdaibai sin avisarnos de nada. Echo en falta un poco más de prudencia.
-José Luis Bilbao pidió al Gobierno vasco 100 millones de euros para continuar con el proyecto.
-A finales de año tendremos un informe y opinaremos de manera más concluyente sobre esta iniciativa, que por cierto no apoyó el anterior Gobierno de Ibarretxe. Pero antes también podemos preguntarnos si el modelo Guggenheim es replicable en un espacio tan cercano a Bilbao, en una época de crisis, cuando la propia diputada de Cultura ha anunciado que quizá las aportaciones de los patronos privados disminuyan, y en una reserva natural que a lo mejor se resiente con una presencia masiva de turistas.
-¿Por qué la Diputación pide 100 millones al Gobierno socialista mientras que no lo hizo con el de Ibarretxe?
-Es cierto que las infraestructurales culturales aprobadas y consensuadas están en Guipúzcoa, con Tabakalera, y en Álava, con el Palacio de Congresos, aunque también acabamos de aprobar la ejecución del Archivo Nacional en Bilbao. Pero esta situación es coyuntural: unas veces toca a Vizcaya y otras a los demás territorios. Hay otro motivo: la presencia institucional del Gobierno de Patxi López está siendo contrarrestada por las diputaciones como parte de una estrategia, y en concreto por algún diputado general que con su estilo característico se ha tomado a pecho la tarea de contrapesar el liderazgo del lehendakari. No creo que José Luis Bilbao se moleste porque diga esto.
-¿Le preocupa que este otoño la Diputación vaya a negociar con el Guggenheim de Nueva York el proyecto de Urdaibai y la continuación del convenio para el museo de Bilbao?
--Me preocupa porque no han contado con nosotros y la única información que tenemos sobre Urdaibai son unas pocas páginas de 'powerpoint'. Me preocupa porque somos socios al 50% y entre nosotros debe haber lealtad. Hasta la fecha no hemos tenido ninguna relación con la Fundación Solomon R. Guggenheim y, sí, eso me preocupa y espero que se solucione pronto.
-¿Qué opinión le merece la ampliación del Museo de Bellas Artes de Bilbao?
-Yo no conozco un papel, un argumento siquiera de dos párrafos que sustente la idea del alcalde. Volvemos a lo anterior, a ocurrencias que se presentan como proyectos a la prensa con la capacidad y fortaleza que tiene un alcalde o un diputado general. No es cierto que por exponer un 5% de las obras que tiene un museo, como se hace ahora en Bilbao, se necesite una ampliación. La mayoría de las instituciones museísticas se mueve en ese porcentaje.
Bajada presupuestaria
-Pero si se presenta la ocasión...
-La ocasión es relativa. En el museo se expone casi el 50% de la escultura de su colección y el 20% de la pintura. Sólo sale el 5% si se cuenta toda la obra gráfica. ¿Justifican los fondos en papel una nueva inversión? Habrá que meditarlo. La crisis es un momento perfecto para reflexionar sobre qué necesitamos y para evitar una cultura inmobiliaria, que consiste en construir o acondicionar edificios sin plantearse la oportunidad, la función y el dinero que hará falta para sostenerlos.
-¿Algún ejemplo?
-El proyecto de la Biblioteca Nacional. Hay tres bibliotecas forales extraordinarias. Habrá que pensárselo.
-¿Entra la construcción del Archivo Nacional dentro de la 'cultura inmobiliaria'?
-Es verdad que también existen tres archivos forales muy buenos, pero al menos aquí la función está clara: albergar la documentación del Gobierno vasco desde el 1 de octubre de 1936, cuando toma posesión de su cargo el lehendakari Agirre, hasta el último papel que hayamos producido hoy. El concurso de ejecución ya se ha adjudicado a Ferrovial Agromán por 13 millones de euros, cuando se preveía que iba a costar 19. Otra cosa es si realmente necesitábamos un archivo en el centro de Bilbao. Yo soy historiador profesional, sé quién va a los archivos y cómo se usan. Hemos heredado una serie de proyectos y hemos pensado que, en este caso, era prudente continuar con él.
-¿Cómo van a resolver la situación del museo Balenciaga?
-El Gobierno vasco y la Diputación de Guipúzcoa, que somos los que estamos pagando el edificio, estarán en fundación junto al ministerio de Cultura y el Ayuntamiento de Getaria. La comisión parlamentaria recomendaba que nos implicáramos para enderezar la gestión. Lo sorprendente es que después de gastar 20 millones de euros no haya siquiera un plan de viabilidad.
-¿Temen algún recorte presupuestario en su departamento?
-Sí, lo tememos. Está previsto que sea de un 11,4% y nos estamos peleando para que nos rebajen lo mínimo posible, pero la situación es delicada. Suben Sanidad, Educación, Asuntos Sociales, Industria y Obras Públicas y Transporte. Luego estamos los 'otros', que en situaciones de crisis tendemos a perder peso.
-Los escritores vascos en castellano siempre se han quejado de que en Lakua no se les hacía mucho caso.
-La cultura que se hace en euskera va a seguir teniendo una atención prioritaria en este departamento. Nosotros tenemos una responsabilidad específica en ese campo. Pero eso no quiere decir que la cultura vasca que se hace en castellano tenga que vivir al margen del presupuesto, porque entonces estaríamos marginando a seis o siete creadores de la comunidad autónoma. Vamos a abrir la línea de apoyo a la edición vasca en castellano. No van a llegar a las cuantías destinadas a los editores en euskera, pero tenemos que tener una consideración hacia ese público y hacia ese mundo. Es obvio que también ellos son ciudadanos del País Vasco.
-¿Cómo se ha notado el cambio de Gobierno en esta consejería?
-Nosotros no nos levantamos preguntándonos por nuestra vasquidad y actuando en cada momento según lo que dicte cierta idea de identidad. Es una preocupación del nacionalismo que no tenemos. Somos ciudadanos normales, dinámicos, múltiples. El Gobierno representa ahora la normalidad, no es algo que aturulla y achucha a los ciudadanos. Yo creo que se han quitado un peso de encima, salvo aquellos para los que la identidad es el centro de su vida.
-¿Se va poniendo la consejera al día?
-Cuando un Gobierno echa mano de independientes, y de buenos profesionales, como es el caso de Blanca Urgell, obviamente cuesta, porque la política tiene una manera muy concreta de leer la realidad, de relacionarse con la prensa y con otros políticos. Los principios fueron difíciles, pero como buena universitaria se ha puesto al día muy rápido. Yo prefiero esas dificultades que las del profesional de la política espectáculo.
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